martes, 8 de septiembre de 2009

Sí, como la luna...

Y pensarás en la muerte, en si Dios existe, en qué ropa ponerte, en llamar o no, en qué quieres ser de mayor, en cuánto tiempo queda para llegar, en que no se ve ningún mar por la ventana, en las sábanas revueltas, los libros subrayados, el primer beso, en tu comida preferida, los aviones, las distancias, en cuánto cuesta, en el miedo, en las hojas secas, la Torre Eiffel, por qué a mí, en los recuerdos, la tristeza, en que en esta calle nunca se encuentra aparcamiento, la vida, el olvido, el amor, el amor, el amor y en si te dará tiempo. Sin darte cuenta de que nunca, nunca, nunca nos da tiempo. Los ojos muy abiertos, creyéndose así que podrán captar más luz e ignorando que la electricidad la irradiaban ellos mismos. La sonrisa creciente (sí, como la Luna). Cada minuto que pasa más y más grande, sin ánimo de empezar a disminuir. Dime, ¿qué voy a hacer ahora que septiembre me amenaza? Yo, que siempre he buscado los astros de día, en el cielo, porque en una ocasión me dijeron que el Sol no era el más grande de ellos. Yo, que soy caos absoluto en días impares porque nací consonante. Yo, que no sé restar verdades a tus pupilas. Dímelo, dímelo ahora que debo de haber olvidado cómo se desenfocan las luces. Estallar y llegar a ser. Porque no sé calcular el tiempo que voy a tardar en caer.

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