sábado, 25 de julio de 2009

Novia

Hace mucho tiempo, yo tenía una novia buena y hermosa. Me amaba con una devoción tal, que no pude resistir la tentación de ser malvado. Me solazaba en la traición, en el capricho, en la impuntualidad, en la mentira gratuita. Ella lloraba en secreto, cuando yo no la veía, pues sabía que su llanto me irritaba. Pero un día, un incidente que ni siquiera re cuerdo me despertó el temor de perderla. El amor crece con el miedo. Mi conducta cambió. Me fui haciendo bueno. Quise pagar el daño que había hecho y empecé a vivir para ella. Le hacía el amor en todos los zaguanes. Le cantaba valses de Héctor Pedro Blomberg. La llevaba a pasear por los lugares más hermosos del mundo. Le imponía aventuras inesperadas. Me hi ce sabio y generoso sólo para merecer su amor. Pero un día me dejó. —No te quiero más —me dijo, y se fue. Supliqué un poco, sólo un poco, porque era bueno. Después me puse a esperar la muerte sentado en un umbral. Al cabo de un tiempo, aparecieron los celos. Pensé que segura mente me había dejado por otro. Decidí averiguarlo. Indagué a los amigos comunes, pero todos afectaban un aire de trabajosa indiferencia. Resolví seguirla. Pasaba las noches acechando su puerta. Durante el día, me apostaba en la esquina de su trabajo. El resultado de mis pesquisas fue nulo. Mi novia se desplazaba por circuitos inocentes. Perdí mi empleo, mi salud y hasta mis amistades. Mi vida era una perpetua vigilancia. Pasaron largos meses sin que nada ocurriera. Hasta que una noche la vi salir de su casa con aire decidido. Tuve el presentimiento de que iba a encontrarse con un hombre, tal vez porque estaba demasiado linda. La seguí entre las sombras y vi que se detenía en una esquina que yo conocía bien. Me escondí en un portal. Ella se detuvo y esperó, esperó mucho. Cerca de una hora después, apareció un hombre alto, oscuro, soberbio. Algo familiar había en su paso. Ella intentó una caricia, pero él la rechazó. Inmediatamente comprendí que el hombre se complacía en verla sufrir y amar al mismo tiempo. Se trataba de un sujeto diabólico. Cada tanto, me llegaban ráfagas de una risa vulgar. No podía concebirse un individuo más vil y detestable. Caminaron. Tomaron un rumbo que no me sorprendió. Al llegar a la luz de una avenida, pude ver que aquel hombre era yo. Yo mismo, pero antes. Con el desdén cósmico que tanto me había costado borrar del alma, con la maldad de mis peores épocas. Con la impunidad de los necios. No pude soportarlo. Pensé en cruzar la calle y pegarme una trompada, pero me tuve miedo. Quise gritar, ordenarme a mí mismo dejar tranquila a aquella muchacha. Pero el imperativo no tiene primera persona y no supe qué decirme. Se detuvieron un instante y pasé delante de ellos. Ella no me vio. Yo sí me vi. Me miré con un gesto de advertencia. Después los perdí de vista y me quedé llorando.
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El libro del Fantasma, Alejandro Dolina

La función del lector 1

Cuando Lucía Peláez era muy nińa, leyó una novela a escondidas. La leyó a pedacitos, noche tras noche, ocultándola bajo la almohada. Ella la había robado de la biblioteca de cedro donde el tío guardaba sus libros preferidos. Mucho caminó Lucía, después, mientras pasaban los años. En busca de fantasmas caminó por los farallones sobre el río Antioquia, y en busca de gente caminó por las calles de las ciudades violentas. Mucho caminó Lucía, y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia. Lucía no ha vuelto a leer ese libro. Ya no lo reconocería. Tanto le ha crecido adentro que ahora es otro, ahora es suyo.
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El libro de los abrazos, Eduardo Galeano

miércoles, 8 de julio de 2009

La ley del uno

Di sí, seguiremos, si dicen perdido yo digo buscando, si dicen no llegas de puntillas alcanzamos, y sí seguiremos. Si dicen caíste yo digo me levanto, si dicen dormido es mejor soñando. Entre unos y otros ahí estás somos los mismos somos distintos pero nos llaman multitud. Perdonen que no me levante cuando digan de frente y al paso no somos tropas no somos soldados mejor gotas sobre olas flotando. Di sí, seguiremos, si dicen perdido yo digo buscando, si dicen no llegas de puntillas alcanzamos, y sí seguiremos. Si dicen caíste yo digo me levanto, si dicen dormido es mejor soñando. Perdonen que no me aclare en medio de este mar enturbiado nos hicieron agua transparente no me ensucien mas, yo ya me he manchado. Y es que hay una gran diferencia entre pensar y soñar yo soy de lo segundo en cada segundo vuelvo a empezar. Di sí, seguiremos, si dicen perdido yo digo buscando, si dicen no llegas de puntillas alcanzamos, y sí seguiremos. Si dicen caíste yo digo me levanto, si dicen dormido es mejor soñando. Hoy sabemos que lo importante es soñar, liberar nuestro inconsciente, el filtro de censura del pensamiento, creemos que al soñar perdemos un tercio de nuestra vida, y nos equivocamos. Di sí, seguiremos, si dicen perdido yo digo buscando, si dicen no llegas de puntillas alcanzamos, y sí seguiremos. Si dicen caíste yo digo me levanto, si dicen dormido es mejor soñando. Hoy sabemos que lo importante es soñar
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Macaco